A SOLAS CON SANTIAGO ASCACIBAR. LA PROMESA DE ESTUDIANTES
Al pequeño gigante de Villa Elvira le tiraron la “5” y se la bancó. Tuvo premio: compró un auto usado para ir hasta el Country
En su casa de Villa Elvira, la que comparte
con su familia, Santiago Ascacibar compartió sus emociones por el
presente que está viviendo en el Pincha
Por MARTIN CABRERA
ENTREVISTA
ENTREVISTA
Desde la puerta de su
casa una señora dice que Santiago no está, pero que podemos esperarlo
adentro. La que habla es Mariana Rollero, la mamá del Rusito Ascacibar,
el joven de 19 años que lleva apenas cinco partidos en la Primera de
Estudiantes y al que todos señalan como la revelación del equipo.
El pibe se entrenó a la mañana con el plantel
profesional y luego del almuerzo tuvo que ir al odontólogo, por eso el
retraso. Al llegar, con simpleza pide disculpas, deja sus cosas y se
recuesta en el sillón de su casa en Villa Elvira para hablar del
maravilloso presente que está viviendo.
-¿Cómo vivís este momento?
-Es raro. Me piden autógrafos, fotos y esas cosas. A veces me da vergüenza. Pero trato de llevarlo con naturalidad.
-¿Cuándo te imaginaste este momento?
-Y, no lo sé, porque fue todo muy rápido. Siempre
tuve el convencimiento de que iba a llegar a Primera, pero mentiría si
dijera que de esta manera. Me acuerdo que mis profesores me preguntaban
de qué iba a trabajar de grande y les respondía: “De jugador de fútbol”.
Algunos se reían.
El Rusito, así le dicen desde chico, es categoría
‘97. Fue el capitán de su camada y con edad de Quinta, a mitad de 2015,
Nelson Vivas lo llevó a la Reserva. Jugó los últimos doce partidos. Y
este año fue promovido al grupo principal. Jugó todos los compromisos,
amistosos y oficiales.
-Dio la sensación de que no sentiste el cambio de Reserva a Primera. ¿Por qué?
-Por la confianza que me dieron el grupo y el
cuerpo técnico. Fueron clave. Por suerte pude mantener la calma desde lo
emocional. Igual sí que sentí el cambio en el ritmo y esas cosas del
juego.
-¿Es menos brusco el juego en Primera que en Inferiores?
-Muchísimo. Porque son profesionales y porque los
jugadores manejan los tiempos, ni se tocan. Muy difícil que me partan la
mandíbula en tres partes como me pasó en Octava.
-¿Qué cosas diferentes encontraste en Primera?
-Muchísimas. El compromiso es totalmente diferente
al de las Inferiores. Por ejemplo en la comida y la puntualidad en los
horarios.
-¿Y quién les enseña dónde no pueden sentarse, qué asiento del micro no ocupar...?
-(Se ríe) Lo vas aprendiendo. Lo importante es ser
respetuoso y humilde. Siempre voy último respetando los códigos del
grupo. En Estudiantes por suerte existen esas cositas que lo hacen
diferente.
-Verón los apoyó en persona. ¿Cómo conviven en vos el impulso y la presión que hay detrás de esas palabras?
-Pienso sólo en lo positivo. Lo tomé como algo bueno, sin presionarme por cumplirle.
-Desábato confesó que habla mucho en los partidos. ¿Cómo es tenerlo detrás tuyo?
-Bien, siempre habla. A él, a Schunke y a Damonte son a los que más escucho.
-¿Te cambió el juego con Damonte al lado?
-Tiene mucha experiencia y podés darle la pelota sin problemas. Eso te da tranquilidad. Igual trato de adaptarme.
“Me gusta Kranevitter. No roba tantas pelotas, pero siempre está en el lugar justo”
-¿Por qué no querés que te comparen con Braña?
-Por respeto a esos grandes jugadores no me puedo
comparar. Puedo tener movimientos parecidos, pero me faltan muchas
cosas. Nunca conversé con él, pero lo vi muchas veces desde la tribuna.
-¿En tu puesto quién te gusta?
-Matías Kranevitter. No roba tantas pelotas, pero siempre está en el lugar justo.
-¿Cuál es tu virtud?
-Es difícil... el quite es un punto alto en mi juego.
-¿Te gusta que el equipo salga jugando desde el fondo?
-Sí. Muchos ataques comienzan con una salida clara.
Por supuesto que hay que hacerlo bien y no abusar. El otro día nos
equivocamos, porque estábamos distendidos y cansados.
-¿Tuviste que trabajar tu cuerpo en el gimnasio antes de llegar a Primera?
-Un poco. Hace dos años que lo hago a conciencia.
Si bien es obligatorio, uno lo puede hacer en serio o con más soltura.
Lo tomé como algo importante y voy todos los días un rato antes.
-¿Qué partido te costó más desde lo físico?
-El primero contra Racing. Terminé todo acalambrado.
-¿Volverías a cometer la infracción del clásico en Mar del Plata?
-Si hay otros compañeros no, pero si soy el único, no tengo otra alternativa que cortar.
De Villa Elvira al Country hay un tramo largo, por
eso la previsión. Como tiene que estar a las 8 AM, sale de su casa una
hora antes. Papá, mamá y hasta los hermanos se ponen el despertador para
que no se retrase. “Igual siempre se despierta solo”, avisa Javier
Ascacibar, su padre.
Si bien no le sobra nada y su familia la pelea
todos los días para que no falte nada, el juvenil se dio el lujo de
comprarse un auto usado con su primer sueldo. Ahora ya no depende más de
los colectivos.
-¿Cómo hacías para ir todos los días al Country desde tan lejos?
-Al principio nos llevaba la mamá de Andrés Bonino,
que jugó hasta Séptima. Pero cuando entrenaba de tarde me llevaba mi
viejo hasta La Plata y desde 57 y 1 salía un micro al Country. Cuando
dejó de salir ese micro me fui por mi cuenta.
“Antes de que se demoliese la cancha en 57 y 1 jugamos un amistoso contra Nueva Chicago”
-¿Cómo?
-El Este hasta Plaza San Martín y el 273 a City Bell. Tardábamos como dos horas. También volvíamos en micro.
-¿Llegaste a jugar en 57 y 1?
-Fuimos los últimos. En diciembre de 2006 se hizo
un partido amistoso contra Nueva Chicago. Después de ese partido no se
jugó nunca más. En la auxiliar jugué bastantes veces.
-¿Fue diferente jugar en el Unico?
-La mejor cancha en la que me tocó jugar en Primera hasta ahora. Fue muy lindo, además por el marco que había.
-¿Cómo era el Ascacibar hincha?
-Medio enfermito... Era de ir a todos lados y alentar. Nunca fui de putear a los jugadores, sino alentar.
-¿En algún momento te las viste feo en Inferiores?
-Sí, en Octava. Me fue mal, no tenía bien la cabeza
y me costaba jugar. No llegué a pensar en dejar el fútbol, pero estaba
mal. Al año siguiente me reencontré conmigo. Siempre me gustó escuchar y
aprender de mis errores. Por suerte los consejos que recibí fueron los
mejores.
En paralelo con el fútbol realizó sus estudios
primarios en la escuela Santa María, de la calle 91. También allí hizo
parte de la secundaria. “Pero como iba de mañana y en Séptima
entrenábamos a esa hora, se me complicó. Me pasé a la noche y me faltó
un año.
-¿Entonces?
-Lo completé el año pasado en el colegio del Club.
Fue una experiencia bárbara que nos potenció en nuestra otra actividad
como deportista. En el Santa María me llevaba todos los años Educación
Física porque no podía ir.
Con el secundario en mano, Ascacibar se anotó en la
carrera de Antropología de la UNLP. “Como el curso de ingreso empezó en
febrero y sólo permitían una falta por semana, se me complicó con los
partidos oficiales y los amistosos. Igual fui a algunas clases. Lo voy a
intentar hacer el año que viene y para no perder el tiempo me anoté en
un curso de inglés”.
LOS ASCACIBAR. CINCO HERMANOS Y OTROS DOS “ADOPTADOS”
Una familia que abre puertas
El Rusito Ascacibar con
su hermano Agustín (derecha) y su compañero Rodrigo Marinelli
(izquierda). Abajo el menor Martín y un amigo
La familia Ascacibar tiene su propia pensión
en Villa Elvira. Porque además de Santiago, que ya juega en Primera,
mamá Mariana y papá Javier criaron otros cuatro varones: Agustín (21),
Julián (14), Mariano (11) y Martín (6).
Los dos más chicos juegan en las infantiles de
Estudiantes. “Mariano es delantero, un buen número 9. El más chico es
volante”, cuenta el Rusito, que aclara que a los otros dos también les
gusta el fútbol, pero el más grande es mejor analista que jugador, y que
el otro tiene condiciones pero prefiere las motos.
La familia Ascacibar es muy receptiva. Y por
eso no dudó en llevarse a vivir con ellos a dos compañeros de su hijo:
Rodrigo Marinelli y Manuel Sosa, el primero de Santa Fe y el otro de
Corrientes capital. “Hace cinco años que viven conmigo en casa”.
“Antes vivía otro chico más en casa, Julián
Castilla, que se volvió a 9 de Julio”, aporta la mamá de la casa, que
ahora está comenta porque sus dos hijos mayores ya llevaron a sus novias
a la casa.
Pero también el papá es futbolero y en sus épocas
fue un destacado defensor central de varios equipos de la Liga Amateur
Platense, como Deportivo La Plata. “Era muy bueno mi marido”, cuenta
Mariana Rollero.
Además de disfrutar del momento de su hijo
Santiago, los Ascacibar tienen su propia historia en la formación de su
hijo: lo siguieron a todos lados.
“En Córdoba un día casi nos matan porque mamá
gritaba los goles y tuvimos que meternos para que no le hicieran nada”,
recuerda el mayor. Ahora lo tienen más cerca. “El otro día estaba
jugando y escuchaba un grito que me era familiar. Era mi vieja”, destaca
el volante, que convive en su barrio con Pinchas y Triperos. Todos lo
respetan.
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