LA PELEA POR EL TITULO RECIEN ESTA EMPEZANDO
Estudiantes tiene un gran “guardaespaldas” llamado Rulli. Leo Jara hoy ya es titular clave. Le faltó un conductor; y, por eso, se ilusiona con la vuelta de Verón

AHORA, ESTUDIANTES INTENTARA SUMAR
LOS TRES PUNTOS EN ROSARIO CUANDO
ENFRENTE A CENTRAL
OPINION
Por MARTIN MENDINUETA
Por MARTIN MENDINUETA
Nada
está dicho. La definición del torneo sigue viviendo lejos. Sólo ocurre
que los nervios y las ansiedades han colonizado el estado anímico de una
multitud interesada en el tema. Después de decir y de escribir que el
nivel de la competencia desnudaba una precariedad alarmante (¡ojo!, nada
ha cambiado), ahora, entretenidos en mirar el fixture y elaborar
pronósticos, sentimos que el campeonato se ha vuelto apasionante.
En
ese contexto, el partido Estudiantes-River se presentó como el primer
gran episodio de la recta decisiva. Un miércoles laborable y a las cinco
de la tarde (nadie piensa en las obligaciones del ciudadano común), la
escenografía del estadio Ciudad de La Plata ratificó el lugar
preponderante que ocupa el fútbol en nuestra sociedad. Sólo con público
local, el bullicio, la emoción, el colorido, las camisetas y los
cánticos armaron una fiesta. Al latiguillo “¡Cómo no iba a venir, ni
loco me lo perdía!” sólo lo explica lo que la pelota (nuestro mejor
juguete) es capaz de generar en este rincón del planeta.
¿Defraudó
el espectáculo? La ausencia de goles podría considerarse un punto en
contra, pero analizarlo así sería una canallada con los pibes Chichizola
y Rulli. Aplausos para ellos. Los ganaron en buena ley. Para el arquero
de River era una prueba de fuego. Debía demostrar, después de una larga
estadía en el banco de suplentes, que estaba a la altura de las
circunstancias. Para Gerónimo, en cambio, una prueba más de todas las
que viene aprobando con excelentes calificaciones. Y esta última no fue
la excepción. Salvo un error que terminó convirtiendo en acierto (la
demora/amague de Cavenaghi en el primer tiempo), el gran
“guardaespaldas” albirrojo volvió a demostrar que tiene pasta de crack
para llegar, en breve, a Europa.
NI ROMAN, NI LUNA
Las
bases de la candidatura de Estudiantes para alzar el trofeo se
encuentran fácilmente de mitad de cancha hacia atrás. Arco y defensa
gozan de buena salud. Mediocampo y ataque muestran bajones, algunos
pronunciados. Castigado por las ausencias (Verón, Correa, “Patito”
Rodríguez y Auzqui), los volantes sólo mostraron aciertos contundentes
en la figura de Leonardo Jara. El correntino se anota en todas. Corre,
marca con vehemencia, toca, gambetea y patea casi siempre muy bien desde
la media distancia. Hoy ya es titular indiscutido.
Lo que
faltó, claramente, fue conducción. Nadie se hizo cargo de esa misión. A
Martínez, más allá de la lesión, la responsabilidad le queda grande.
Salió y entró Luna. Y el resultado fue el mismo. Ponerse “el equipo al
hombro” no es para cualquiera. Si a eso le sumamos la mala ejecución del
penal de Guido Carrillo y también la falta de buena suerte -¡el peor
combo!- en la jugada donde estrelló su remate en un palo, ya poco queda
por explicar sobre la imposibilidad de ganar.
¿Esta
igualdad como local aparta a Estudiantes del camino soñado? La respuesta
es un NO rotundo. Esta etapa crucial recién empieza. Ser puntero
implica convivir con la presión; soportarla y avanzar a pesar de ella.
Estará en el equipo de Pellegrino poder demostrar más virtudes que
flaquezas. Ninguno de los que pelean por ser campeón es perfecto. Aquel
que se las rebusque mejor, dará la vuelta olímpica. Por lo pronto, que
Estudiantes vaya a Rosario con Verón apto para volver aumenta el
optimismo.
Esto será fecha a fecha. Generará estrés,
cambios bruscos e incertidumbre. Todo infinitamente más saludable que
estar anclado en la mitad de la tabla.
La presión
Ser puntero implica convivir con la presión; soportarla y avanzar a pesar de ella. Estará en el equipo de Pellegrino poder demostrar más virtudes que flaquezas
Ser puntero implica convivir con la presión; soportarla y avanzar a pesar de ella. Estará en el equipo de Pellegrino poder demostrar más virtudes que flaquezas
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