El 16 de octubre de 1968 Estudiantes lograba el título máximo que
cualquier club de fútbol aspira alcanzar: ser campeón del mundo.
Sin restarle méritos al revolucionario hombre que llegó desde Junín
(Osvaldo Zubeldía), la Copa Intercontinental fue el último peldaño de un
proyecto de formación de jugadores que comenzaron a entrenarse entre
1963 y 1965 con el platense Miguel Ignomiriello.
Hoy a 47 años de ver consagrarse a los mismos jóvenes por los
que apostó hace 50 años atrás, don Miguel sigue manejando por las calles
de la ciudad y produce el libro de La Tercera que Mata, que será
publicado en 2016.
“Cuando terminó el partido Pachamé me dedicó el triunfo y la Copa”,
confesó orgulloso el padre de la criatura que se plantó ante más de 60
mil ingleses en Old Traford.
“Tuve que seguir el partido por radio desde Rosario, porque yo ya
estaba trabajando en Central en ese momento. Cuando terminó el partido
todo el mundo lo tomó como una grata sorpresa. Pero con el paso del
tiempo todos los reconocieron mucho más”, admitió Don Miguel, quien en
1965 salió campeón del torneo de Tercera (hoy Reserva) con la base del
equipo que tres años después fue consagrado como el mejor del mundo.
“Poletti, Manera, Aguirre Suárez, Malbernat, Medina, Echecopar,
Bedogni, Verón y Flores salieron del semillero del club”, recueda.
El resultado de aquel trabajo se vio reflejado aquel lluvioso 16 de
octubre de 1968, cuando de los jugadores que arrancaron de abajo
llevaron al Pincha a un lugar en donde solo el destino sabe si alguna
vez podrá volver a alcanzar.
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