domingo, 6 de agosto de 2017

Se cumplen 50 años del primer Campeonato del profecionalismo

El título que quebró la hegemonía de los “grandes”

El domingo 6 de agosto de 1967 Estudiantes se consagró campeón del torneo Metropolitano. 

Fue un día histórico para el fútbol argentino, que hasta el momento sólo había tenido a Boca, River, Racing, Independiente y San Lorenzo como ganadores. Para el flamante campeón, el inicio de un ciclo dorado que un año después lo llevaría, incluso, a quedarse con la máxima copa a nivel mundial.
La consagración se dio en la cancha de San Lorenzo. La vieja, la de madera en la avenida La Plata. Estadio neutral, con más de 58 mil personas presentes. Más de 15 mil viajaron desde La Plata y otros tantos de Avellaneda. La mayoría, neutrales, que esa tarde hicieron fuerza por los de rojo y blanco. 
 

La coronación de 1967 tuvo un sinfín de causalidades que llevaron a abrir un ciclo glorioso que dejaría una huella grande en el fútbol argentino, con fieles pero también con detractores, aquellos que no supieron “decodificar” el concepto de equipo por sobre las individualidades sin la provocación de la patente del “antifútbol”.
Mangano se inclinó por Zubeldía en el verano de 1965 para dirigir al equipo, que venía de varias campañas irregulares. Después llegó la promoción de juveniles con “La Tercera de Mata” y una más que aceptable campaña en 1966. Un año después, el entrenador ya tenía su base. Poletti; Manera, Aguirre Suárez, Barale, Malbernat; Bilardo, Pachamé, Bedogni; Echecopar, Conigliaro y Verón. Y se sumaban Flores, Madero, Ribaudo o Spadaro...
El torneo de 1967 empezó el primer fin de semana de marzo. Estudiantes debutó con una victoria ante Huracán en Parque Patricios. En la cuarta fecha, daría el golpe en 57 y 1 al ganarle 1 a 0 a Boca, y terminó la primera rueda como puntero de su zona con solo una caída. La buena cosecha inicial de puntos le permitió hacer frente a una racha de cuatro empates y una caída, sobre el final del campeonato, que hizo peligrar su pase a semifinales, el que conseguiría goleando a Gimnasia, en el derby local, 3 a 0. Luego vendría el histórico 4 a 3, con diez jugadores, ante Platense, y más adelante, el 3 a 0 en la final contra Racing, jugada en el Viejo Gasómetro. Diez goles a favor en los últimos tres decisivos juegos para gritar “campeón” por primera vez en el profesionalismo, a 54 años de aquel logro del amateurismo en 1913.


Como se llegó a la final ¡Ganador cabal!

Estudiantes llegó a ese partido luego de terminar segundo en el grupo A, (Destacando que el ultimo partido de su zona se jugó el Clásico Platense, derrotando categoricamente a su eterno rival 3 a 0) que lideró la Academia. Los dos con 29 puntos, pero Racing con mejor diferencia de gol. Entonces el Pincha jugó la semifinal contra Platense (la recordada 4-3 en la Bombonera) y los de Avellaneda derrotaron en tiempo suplementario 2-0 a su clásico rival, curiosamente puntero del grupo B.
No existieron equivalencias en la final. El equipo de Osvaldo Zubeldía fue más desde el primer minuto. Juan Ramón Verón fue la gran figura. No lo pudieron parar en toda la tarde. Y eso que del otro lado estaba el gran equipo de José (Pizzutti), campeón del mundo vigente, con Alfio Basile, Norberto Raffo y Humberto Maschio.
En el primer tiempo el Pincha estuvo cerca, pero no pudo marcar. Recién a los 7 minutos del complemento llegó la primera conquista. Falta a Spadaro en la puerta del área. Raúl Madero pidió la pelota y con un chanfle de play station marcó el 1-0.
El ganador siguió siendo más que su rival. Bilardo, Ribaudo y compañía eran una máquina. Por eso a los 24 minutos la Bruja gambetea, entra al área y le rompe el arco a Rodolfo Spilinga. Golazo para empezar a sellar la victoria.
La frutilla del postre llegó a los 27 minutos. Otra vez Verón hizo estragos sobre la banda, tocó al centro para Felipe Ribaudo, quien tras una pared con Conigliaro remató al arco. 3-0 y fiesta en las tribunas.
Estudiantes fue más esa tarde y durante buena parte del torneo: 24 partidos jugados, 13 ganados, 7 empatados y 4 perdidos. Sólo Boca pudo ganarle dos veces.
Los últimos minutos estuvieron de más. El público albirrojo empezó a saltar los alambrados. El árbitro, el recordado Guillermo Nimo, dejó jugar hasta los 45. Racing se entregó, como en los partidos de básquet. El pitazo fue el inicio de un festejo que se prolongó hasta la madrugada con una caravana interminable por el viejo camino General Belgrano hasta La Plata. En definitiva, fue un festejo que duró hasta 1971.


Si bien es cierto que durante el amateurismo los títulos fueron más repartidos, el Pincha fue el primero que rompió la hegemonía de los “grandes” en la era profesional. Fue ese campeonato conquistado por los bravos de Osvaldo Zubeldía el que abrió un camino que en menos de una década replicarían Vélez, en 1968; Chacarita, en 1969; Central, en 1970; Huracán, en 1973; y Newell’s, un año después.

    
Apertura Pincharrata Mar del Plata

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