El título que quebró la hegemonía de los “grandes”
El domingo 6 de agosto de 1967
Estudiantes se consagró campeón del torneo Metropolitano.
Fue un día
histórico para el fútbol argentino, que hasta el momento sólo había
tenido a Boca, River, Racing, Independiente y San Lorenzo como ganadores. Para el
flamante campeón, el inicio de un ciclo dorado que un año después lo
llevaría, incluso, a quedarse con la máxima copa a nivel mundial.
La
consagración se dio en la cancha de San Lorenzo. La vieja, la de madera
en la avenida La Plata. Estadio neutral, con más de 58 mil personas
presentes. Más de 15 mil viajaron desde La Plata y otros tantos de
Avellaneda. La mayoría, neutrales, que esa tarde hicieron fuerza por los
de rojo y blanco.
La coronación de 1967 tuvo un sinfín de causalidades que llevaron a
abrir un ciclo glorioso que dejaría una huella grande en el fútbol
argentino, con fieles pero también con detractores, aquellos que no
supieron “decodificar” el concepto de equipo por sobre las
individualidades sin la provocación de la patente del “antifútbol”.
Mangano se inclinó por Zubeldía en el verano de 1965 para dirigir al
equipo, que venía de varias campañas irregulares. Después llegó la
promoción de juveniles con “La Tercera de Mata” y una más que aceptable
campaña en 1966. Un año después, el entrenador ya tenía su base.
Poletti; Manera, Aguirre Suárez, Barale, Malbernat; Bilardo, Pachamé,
Bedogni; Echecopar, Conigliaro y Verón. Y se sumaban Flores, Madero,
Ribaudo o Spadaro...
El torneo de 1967 empezó el primer fin de semana de marzo.
Estudiantes debutó con una victoria ante Huracán en Parque Patricios. En
la cuarta fecha, daría el golpe en 57 y 1 al ganarle 1 a 0 a Boca, y
terminó la primera rueda como puntero de su zona con solo una caída. La
buena cosecha inicial de puntos le permitió hacer frente a una racha de
cuatro empates y una caída, sobre el final del campeonato, que hizo
peligrar su pase a semifinales, el que conseguiría goleando a Gimnasia,
en el derby local, 3 a 0. Luego vendría el histórico 4 a 3, con diez
jugadores, ante Platense, y más adelante, el 3 a 0 en la final contra
Racing, jugada en el Viejo Gasómetro. Diez goles a favor en los últimos
tres decisivos juegos para gritar “campeón” por primera vez en el
profesionalismo, a 54 años de aquel logro del amateurismo en 1913.
Como se llegó a la final ¡Ganador cabal!
Estudiantes llegó a ese partido luego de
terminar segundo en el grupo A, (Destacando que el ultimo partido de su zona se jugó el Clásico Platense, derrotando categoricamente a su eterno rival 3 a 0) que lideró la Academia. Los dos con 29
puntos, pero Racing con mejor diferencia de gol. Entonces el Pincha jugó
la semifinal contra Platense (la recordada 4-3 en la Bombonera) y los
de Avellaneda derrotaron en tiempo suplementario 2-0 a su clásico rival,
curiosamente puntero del grupo B.
No
existieron equivalencias en la final. El equipo de Osvaldo Zubeldía fue
más desde el primer minuto. Juan Ramón Verón fue la gran figura. No lo
pudieron parar en toda la tarde. Y eso que del otro lado estaba el gran
equipo de José (Pizzutti), campeón del mundo vigente, con Alfio Basile,
Norberto Raffo y Humberto Maschio.
En
el primer tiempo el Pincha estuvo cerca, pero no pudo marcar. Recién a
los 7 minutos del complemento llegó la primera conquista. Falta a
Spadaro en la puerta del área. Raúl Madero pidió la pelota y con un
chanfle de play station marcó el 1-0.
El
ganador siguió siendo más que su rival. Bilardo, Ribaudo y compañía
eran una máquina. Por eso a los 24 minutos la Bruja gambetea, entra al
área y le rompe el arco a Rodolfo Spilinga. Golazo para empezar a sellar
la victoria.
La frutilla del postre
llegó a los 27 minutos. Otra vez Verón hizo estragos sobre la banda,
tocó al centro para Felipe Ribaudo, quien tras una pared con Conigliaro
remató al arco. 3-0 y fiesta en las tribunas.
Estudiantes
fue más esa tarde y durante buena parte del torneo: 24 partidos
jugados, 13 ganados, 7 empatados y 4 perdidos. Sólo Boca pudo ganarle
dos veces.
Los últimos minutos
estuvieron de más. El público albirrojo empezó a saltar los alambrados.
El árbitro, el recordado Guillermo Nimo, dejó jugar hasta los 45. Racing
se entregó, como en los partidos de básquet. El pitazo fue el inicio de
un festejo que se prolongó hasta la madrugada con una caravana
interminable por el viejo camino General Belgrano hasta La Plata. En
definitiva, fue un festejo que duró hasta 1971.
Si bien es cierto que durante el amateurismo los títulos fueron más
repartidos, el Pincha fue el primero que rompió la hegemonía de los
“grandes” en la era profesional. Fue ese campeonato conquistado por los
bravos de Osvaldo Zubeldía el que abrió un camino que en menos de una
década replicarían Vélez, en 1968; Chacarita, en 1969; Central, en 1970;
Huracán, en 1973; y Newell’s, un año después.
Apertura Pincharrata Mar del Plata





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