Se cumplen 44 años del título más importante de la historia de Estudiantes: la Copa del Mundo. La historia de un grupo que formó Osvaldo Zubeldía a fuerza de devoción y obsesión por el trabajo
Un día como hoy, pero en 1968, Estudiantes alcanzaba el logro más importante de su historia: la Copa Intercontinental, que le valía el mote del mejor equipo del mundo por un año.
Hoy, a más de cuatro décadas de aquella epopeya que marcó un significativo episodio en la institución de calle 53, bien vale un repaso de las causas y consecuencias que decantaron en aquella conquista.
Cuentan los afortunados que acompañaron al equipo de Zubeldía a Manchester que la lluvia persistente en la fría noche inglesa iba en sintonía con la catarata de insultos y hostigamientos de parte del público local.
Un grupo de actores argentinos, entre los que se encontraban Fidel Pintos y un joven Emilio Disi (en ese momento decía que era de Estudiantes pero después se reconoció de Racing), viajó para filmar una película alusiva, que algunos historiadores guardan en una videoteca.
En aquellos años, el campeón del mundo se definía en partidos de ida y vuelta entre el campeón de Europa y el campeón de América.
El choque de ida se había jugado en la Bombonera, y tras la ajustada victoria por 1 a 0, los ingleses se fueron confiados en poder revertir la situación. En esa confianza subestimaron al equipo de Zubeldía, que en Old Trafford no se dejó llevar por delante y que encima se puso en ventaja a los siete minutos a través del mejor jugador del plantel, Juan Ramón Verón.
A partir de allí, Estudiantes se dedicó a defender la ventaja en un terreno sumamente hostil, en donde llovían latas y proyectiles cada vez que Alberto Poletti intentaba intervenir.
Incluso, de atropellada, Manchester logró empatar el partido en el último minuto de juego a través de Morgan.
Durante las cuatro décadas subsiguientes se habló demasiado de aquel logro alcanzado. Sin embargo, fueron contadas las veces en las que se intentó convocar a la mística de aquellos guerreros, que con menos recursos que en la actualidad se encaramaron como el mejor equipo del planeta.
En el año 2009, por ejemplo, se reflejó claramente que el grupo encabezado por Verón y Sabella entendió la manera con la que había que jugar los partidos difíciles, saliendo campeón de América y poniendo de rodillas al Barcelona a fin de ese año. Para hacerlo, el actual entrenador de la Selección argentina pergeñó una estrategia durante meses, que contemplaba la anulación de las principales cualidades del rival de turno, para luego lastimar.
El plan estuvo bien pensado, pero mejor ejecutado por el equipo de Verón, que estuvo a tan sólo tres minutos de repetir la epopeya de 1968.
En la actualidad, sin embargo, alcanza con estar presente todos los días en el Country de City Bell para darse cuenta de que de aquel laboratorio inventado por Zubeldía y Kistenmacher, y que intentaron recuperar Sabella y Pablo Blanco, hoy queda poco y nada.
El plantel de Estudiantes acaba de gozar de dos días de descanso, luego de haberle ganado sobre la hora al recientemente ascendido Quilmes en condición de local.
No alcanza con que el gol lo haya marcado el colombiano Zapata para que éste sea considerado solamente para integrar un lugar en el banco de suplentes pensando en el partido en la Bombonera, en donde en otros tiempos el equipo buscaba jugar de igual a igual.
Los trabajos con pelota parada, los dobles turnos o las concentraciones de más de una noche ya no resultan una constante, y lo que antes estaba a cargo del Maestro Zubeldía ahora es apuntalado en gran medida por Juan Marcelo Ceferino Fontana, quien cumple las veces de secretario personal de Cagna en la actualidad, cuando el técnico observa y evalúa los entrenamientos al costado de la línea de cal y el lungo exdefensor da constantes indicaciones.
Por lo pronto, si Don Osvaldo, el padre de la criatura que hace 44 años puso a Estudiantes en lo más alto del planeta, pudiese levantarse de la tumba, sentaría en peso con su virtuoso respeto a los responsables de haber contratado a un entrenador que mamó otra escuela futbolística. A los mismos que en épocas de vacas flacas compraron a Román Martínez, desplazando a Leandro Benítez. A esos que hacen oídos sordos a la crítica y que han escogido un peligroso camino cuyo destino es incierto para la institución.

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