Los de Pellegrino dejaron de lado el toque intrascendente y, con juego directo y vértigo, firmaron una gran producción en ataque
ANALISIS
Por NICOLAS NARDINI
Por NICOLAS NARDINI
Quedó
de lado la cadencia exagerada para lograr la mejor opción de pase.
Aquella que muchas veces, en lugar de servir para limpiar las acciones,
empujaba a Estudiantes a convertirse en un equipo demasiado previsible
para sus adversarios de turno. Nada de esto ocurrió anoche en el Estadio Monumental. El Pincha fue un equipo vertiginoso, que apeló a la velocidad y el cambio de ritmo para romper a la defensa del cuadro dueño de casa.
Los estiletazos -sobre todo en el primer tiempo- para profundizar por las bandas, le dieron a los de Mauricio Pellegrino una profundidad que derivó en ocasiones de gol claras. Los goles son certeros ejemplos de por dónde anduvo la búsqueda albirroja anoche en Núñez. Abrió mucho la cancha para quebrar a los de Ramón Díaz.
En esa inteligencia, hubo hombres fundamentales para gestionar la idea que partió desde el banquillo. Patito Rodríguez, con espacios, se transformó en la peor pesadilla para el fondo riverplatense. Román Martínez y Carlos Auzqui tuvieron el valor agregado de pisar mucho el área contraria y Jonatan Silva pasó el ataque con una doble valencia no tan fácil de conseguir en el fútbol: velocidad y precisión.
El equipo atacó con un libreto sencillo pero efectivo: pasó rápido el balón, circuló sin lateralizaciones estériles y tuvo un juego de una verticalidad pocas veces vista en la era Pellegrino.
Ahora que está tan de moda denostar la utilización del término “vertical” para explicar determinadas acciones del fútbol, bien vale destacar que ello es, ni más ni menos, que pasar muchas más veces la pelota para adelante que para los costados. Y vaya si eso vale.
TOMO A RIVER MAL PARADO
El
valor agregado del ataque rápido que pudo plasmar Estudiantes pasó por
la ventaja de encontrar muchas veces a la defensa Millonaria
desacomodada. Fue producto de cortar y pasar rápido la transición
defensa-ataque que el Pincha pudo desnudar severas falencias en la
última línea local. Porque muchas veces, cuando los defensores de River
estaban regresando, los puntas y volantes -estos últimos se soltaron y
muy bien- ya habían ganado sus espaldas. Se vio otro Estudiantes en ataque. Con Patito intratable, Román Martínez enchufado como pocas veces, Silva pasando con criterio y Auzqui con un ida y vuelta incansable. Vértigo, esa fue la palabra clave para graficar porqué el Pincha hizo daño al atacar. Y hasta pudo haber aumentado, ya de contra, en el complemento.
Un lateral determinante
Jonatan Silva realizó un gran trabajo por la banda. Se proyectó con criterio e imprimió un gran cambio de ritmo cada vez que subió. Gran centro en el segundo gol del Pincha
Jonatan Silva realizó un gran trabajo por la banda. Se proyectó con criterio e imprimió un gran cambio de ritmo cada vez que subió. Gran centro en el segundo gol del Pincha
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