viernes, 25 de mayo de 2018

El Pincha tuvo su Revolución de Mayo para meterse en octavos de la Copa

LE GANÓ MILAGROSAMENTE 3-1 A NACIONAL Y ESTÁ ENTRE LOS MEJORES DE LA LIBERTADORES
Después de un primer tiempo horrible, Estudiantes se puso de pie en el complemento. Arrolló a un rival al que le quedó gigante el partido y desató una fiesta interminable, con el delirio de protagonistas e hinchas

Por MARTÍN CABRERA
mcabrera@eldia.com
Otero celebra, al borde de las lágrimas, el gol de la clasificación, el que hizo explotar de júbilo el estadio. Noche inolvidable para el león 

En Europa no se consigue. En América, a veces, tampoco. Lo que pasó anoche en La Plata es difícil de explicarlo. Nadie, ni el más optimista de los hinchas de Estudiantes imaginaba esos gritos, abrazos, lágrimas y orgullo del final. Por más que ahora digan lo contrario, no había esperanzas que ese equipo pudiese marcar tres goles en media hora para avanzar a octavos de final. Pero pasó, porque es fútbol, porque quedan duendes en la zona que aparecen las noches de Libertadores y porque el equipo tuvo toda la rebeldía que le faltó en el primer tiempo. Y buena parte del torneo. El Pincha le ganó 3-1 a Nacional y se metió en octavos, pavada de logro cuando nadie lo pensaba.
El segundo tiempo fue vibrante y desbordó de emoción. Hasta los que no gustan del fútbol se prendieron a la tele para ver lo que pasaba en La Plata. Es verdad que pasó de todo en los minutos finales, cuando se sucedió lo que sucedió. Estudiantes, que no había dado pie con bola en los primeros 60 minutos, que se arrastraba en la cancha, que no daba una señal de dignidad, escribió un capítulo que quedará en la historia por mucho tiempo.

Le ganó otra final a Nacional, como en 1969 y como en el 2009. Se dio cuenta que el rival empezó a dudar y cuatro jugadores se calzaron el traje de héroes. Primero Juan Otero, que por derecha descolocó a la defensa rival y se hizo cargo de los dos penales (el segundo muy dudoso, es cierto, tal vez no debió sancionarse). Mariano Pavone, como en las noches de 2006 fue el Tanque de los milagros, bancando la pelota, atacando y luchando como debe ser. Jonatan Schunke, de lo mejor del fondo en el primer tiempo, empezó a empujar y generó los revolcones dentro del área. Y por último un escalón compartido por Fernando Zuqui y Tití Rodríguez. El ex Boca se disfrazó del expulsado Braña y el juvenil se hizo cargo de pedir la pelota y llevarla hasta el arco rival.
En el primer tiempo Estudiantes jugó un partido horrible. Digamos que indigno para su historia. Lento, impreciso, distraído y sin alma. No pareció tener la necesidad de ganar, y por dos goles. Fue un equipo deambulando por la cancha que encima a los 3 minutos quedó en desventaja por el gol de Matías Zunino de cabeza tras horror defensivo.
No pudo en todo el período para dar vuelta la historia. Mal Sánchez en la derecha, muy mal Gómez en el medio y flojísimo Lucas Melano en la ofensiva, errando situaciones de gol.
Pero un aura, un rayo zubeldiano cambió la noche. La gente, desconcertada en el primer tiempo, empezó a empujar a sus leones. Con bronca y viendo a un rival livianito, llevó a sus jugadores a luchar el partido. A puro pelotazo y sin hacer grandes cosas metió dos pelotas dentro del área. En la segunda, penal que Otero transformó en gol.
Cinco minutos después, cuando la noche empezaba a calentarse, llegó un desborde por derecha de Facundo Sánchez, centro del área para que Melano marcara el segundo. Aquí fue el momento quiebre, el que dejó en claro que la hazaña era posible.
Para colmo que Nacional quedó aturdido, su delantero Gonzalo Bergessio se hizo expulsar, primero por protestar en la jugada del penal y luego por una infracción al Chavo Desábato. Roja. 2-1 y el rival con un jugador menos.
El ingreso de Fernando Zuqui le permitió a Tití Rodríguez recostarse por la derecha o pisar el medio. Se hizo cargo de la pelota y con las subidas de Dubarbier y Sánchez empezó a arrinconar a un rival que no supo ni cómo defenderse. Ni siquiera con la roja a Rodrigo Braña ni tras la pésima definición de Melano en un mano a mano Estudiantes se derrumbó.
Fue al frente, fue para adelante como indicaba el partido y en una jugada muy dudosa Mario Díaz sancionó penal a Pavone. Quedaron dudas, pero muchas menos que aquella noche en Montevideo cuando el árbitro ignoró un penal a Banfield que lo hubiese puesto en la zona de grupos. Penal que Juan Otero trocó por gol. Un gol que se festejó con el alma por todo el Mundo Pincha, por la clasificación y por el mal torneo jugado. Fue el gol de la clasificación a falta de cinco minutos más el descuento. Nacional no volvió a pasar la mitad de cancha.
Se clasificó Estudiantes. Milagro para algunos, mística para otros. Pero la verdad es la realidad y el equipo de Leandro Benítez llegó al lugar que se propuso a principio de año. Le costó, dejó a un técnico en el camino y su dirigencia se equivocó en el armado del plantel. Pero está dentro de los mejores 16 equipos y eso nadie se lo podrá quitar.
Después del mundial empezará otra historia para Estudiantes, seguramente con otro técnico en el banco y con un brusco recambio en el plantel. Será un matar o morir para definir fuera de La Plata. Pero para eso falta mucho y ahora se merece el desahogo, el festejo, las lágrimas. Los duendes de Don Osvaldo volvieron a un partido de Copa. Llegaron tarde, pero llegaron.

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